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Operativo especial BMW 530d
Aventura en la Patagonia
Revista Auto Test Nro 120. Octubre de 2000 |

Nevada intensa en la zona del muelle viejo de San Julián, con temperaturas bajo cero. Como telón de fondo un antiguo pesquero
Salimos de Buenos Aires para realizar una prueba de larga duración hasta Río Gallegos y retorno a bordo de un BMW 530d. Terminamos bloqueados durante tres días en Puerto San Julián y dos en Comodoro Rivadavia. Una experiencia inolvidable en plena tormenta de nieve. La tracción trasera junto a la electrónica incorporada en el 530d hicieron que se comportara con alta eficiencia en caminos intransitables
Antes de encarar una prueba de larga duración nos pasamos varias noches entre mapas, hojas de ruta, cálculos de tiempo, horas de paso y por supuesto haciendo las correspondientes reservas de hotel para tener asegurada una cama confortable y una buena comida tras doce, quince o mas horas de manejo.
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A eso se agrega una lista de elementos que hay que llevar arriba del auto, en especial si se viaja al sur, como un juego de cadenas, un neumático de auxilio extra, unas cuantas botellas de agua mineral y alguna caja de alfajores, linterna, guantes de trabajo, etc. Todo bien organizado como para no sufrir imprevistos. En esta ocasión teníamos un auto ideal para viajes largos por su performance, su bajo consumo y por ser un Diesel de 184 CV. El BMW 530d estuvo listo el 6 de septiembre y un día después partíamos desde la puerta de la filial argentina de la casa alemana. A las cinco de la tarde pusimos proa a Río Gallegos pensando en recorrer unos 7.000 kilómetros. Pero la cosa no seria tan fácil..

Comienza la aventura
La salida de Buenos Aires siempre es complicada, en especial después de la cinco de la tarde. La General Paz era un infierno y recién pudimos establecer un ritmo normal cuando subimos a la RN-205 que tiene doble mano de cada lado casi hasta Cañuelas por donde continuamos con destino a Lobos, Saladillo, Bolívar, Daireaux (donde realizamos la primera carga de combustible recorridos 400 kilómetros), Pigüe, Tornquist y Bahía Blanca. Un tramo que cubrimos sin problemas, con poco transito y con un consumo mucho mas bajo del que habíamos proyectado: apenas 8,5 litros cada cien kilómetros.
La sorpresa llegaría unos kilómetros mas adelante cuando tomamos por la RN-22 hacia Río Colorado y nos encontramos con un corte de ruta de los camioneros de la zona a la altura de Villarino. Por suerte a las once de la noche levantaron la medida y pudimos pasar perdiendo no mas de treinta minutos, situación que no nos causó ninguna gracia, ignorando que a lo largo del viaje las detenciones obligadas se sucederían permanentemente. 
Camino con nieve y hielo en Caleta Olivia y Tres Cruces.
Más adelante un nuevo corte y a esperar ...
Sin novedad pasamos por General Conesa donde nos reabastecimos de combustible luego de recorrer unos 600 kilómetros a ritmo veloz continuando hacia San Antonio Oeste, Puerto Madryn, Trelew y Garayalde.
El primer aviso de que el clima nos traería problemas lo tuvimos en la zona de Salamanca poco antes de Comodoro Rivadavia, una pampa alta que suele ser uno de los puntos críticos en invierno. El viento blanco cruzaba la ruta en forma perpendicular y rasante dificultando bastante la visión, a tal punto que no era recomendable superar los 50 ó 60 km/h.
Dejado atrás ese tramo de unos treinta kilómetros, la cosa volvió a la normalidad llegando a Comodoro con una lluvia persistente pero no torrencial. Poco antes de que amaneciera (el sol casi no lo vimos en una semana) estábamos en Caleta Olivia donde nos esperaba la segunda sorpresa. El playero de la estación de servicio nos preguntó mientras llenaba el tanque: - Lindo auto, eh... ¿Para donde van?
- Hasta Gallegos.
- Van a tener que esperar un rato largo porque la ruta está cortada en la cuesta, aquí nomás a 15 kilómetros
No le dimos demasiado crédito y nuestra intención fue comprobar los dichos. Por supuesto, luego de recorrer unos 15 kilómetros nos encontramos con una camioneta de la Policía y una larga fila de camiones y autos a la espera de que abrieran el camino.
Volvimos a Caleta, desayunamos, leímos el diario local y dos horas mas tarde pudimos avanzar aunque este era apenas el comienzo de un viaje plagado de complicaciones debido a las condiciones climáticas adversas. La fecha que habíamos elegido era la indicada, en los últimos cien años no hubo una nevada tardía tan impresionante como la que se produjo a partir del 8 de septiembre y que duró mas de una semana. 
Hasta aquí llegamos, a 360 kilómetros de Río Gallegos, bloqueados en Puerto San Julián. La RN3 se mantenía cortada
En la localidad de Tres Cerros, unos 200 kilómetros mas adelante de Caleta, había camiones detenidos a la espera de que mejorara el estado de los caminos. Una máquina barredora estaba trabajando en la parte alta antes de Puerto San Julián Consultamos a un
policía enfundado en una campera y con un pasamontañas, arrimado a una improvisada estufa de leña, acerca del estado de la ruta hacia el Sur.
- Si van con precaución no van a tener problemas pero usen las cadenas apenas empiece el hielo.
El camino estaba difícil, había nieve acumulada en el centro de cada mano y manchones de hielo de tanto en tanto debido a temperaturas de 7 grados bajo cero con vientos fuertísimos que bajaban la sensación térmica a niveles de hasta 20 grados bajo cero.
A los pocos kilómetros no se diferenciaba muy bien el asfalto de las banquinas ni estas de los campos de no ser por los postes de alambrado. Los primeros camiones con acoplado o con semi empezaron a aparecer cruzados en la ruta bloqueando el paso.
Por suerte había una máquina que en lugar de barrer se dedico a "limpiar" el camino de vehículos que ya no podían traccionar para salir de esa comprometida situación. Delante nuestro un camionero de Trelew con un Scania nuevo llevaba fruta y verdura pero una gran parte de la carga ya se había "quemado" por el intenso frío con la consiguiente pérdida económica. - Esto es increíble -nos decía- nunca ha nevado tanto en esta época del año. Ya todos pensábamos que había llegado la primavera porque hasta hace poco los días eran fantásticos... y ahora esto. Tengo que llegar a Puerto Santa Cruz y no se cuando voy a poder pasar.
Lo importante muchachos, es tener paciencia, no salirse de la huella que deja mi camión y síganme a una distancia prudencial sin perder velocidad, esa es toda la historia. Hay que tratar de llegar a San Julián porque si nos agarra la noche (ya eran las cuatro de la tarde) no nos movemos hasta mañana al mediodía siempre y cuando no siga nevando. Como se puede ver el panorama era poco alentador.

Última detención antes de llegar a San Julián. Adelante el Scania de Trelew que nos abrió el camino
Una larga espera
Hasta allí habíamos recorrido unos 2.100 kilómetros y faltaba medio centenar para llegar a Puerto San Julián, ciudad donde nunca pensamos que pasaríamos tres días.
Siguiendo el consejo del amigo y experimentado camionero pasamos sin cadenas aunque superando varias situaciones comprometidas gracias al sistema de control de tracción (ASR) que equipa al 530d.
Es en este tipo de circunstancias donde realmente se aprecia el valor de la tecnología aplicada en los automóviles de última generación. Hicimos la prueba de desconectar el ASR e inmediatamente las ruedas dejaban de traccionar y patinaban sobre la superficie helada de lo que
se deduce que sin la colaboración de la electrónica no hubiera sido posible superar estos inconvenientes y otros tantos que nos esperaban en el camino de vuelta.
A unos veinte kilómetros, luego de varias horas detenidos y tratando de evitar que las ruedas abandonaran las huellas y a 25 o 30 km/h comenzamos a bajar la cuesta, la nieve acumulada en las banquinas era cada vez menor y el asfalto simplemente estaba mojado por el hielo derretido ya que las temperaturas habían ascendido a 3 grados sobre cero. Hasta unos tímidos rayos de sol del lado de la cordillera acompañaron nuestra llegada a San Julián (6.500 habitantes), sitio donde Magallanes realizó la primera misa en tierra argentina en el año 1520 oficiada por el Padre Pedro Balderrama a orillas del Atlántico Sur.
Pero el alivio duró poco, comenzó a nevar a eso de las ocho de la noche cuando ya estábamos instalados en el Hotel Bahía. Habíamos tardado 26 horas desde la salida de Buenos Aires pero nada nos hacía pensar que al día siguiente no podríamos encarar el tramo a Río Gallegos ya que el camino se había cerrado por precaución en Comandante Piedrabuena, 120
kilómetros más al Sur.

La nieve se funde con el mar calmo en las playas de Puerto San Julián en horas de la mañana. Espectacular
El sábado 9 de septiembre amaneció gris, con intensa nevada y el insoportable viento de estas regiones. En la calle principal había ómnibus estacionados en la calle, repletos de pasajeros que al no poder seguir camino, dormían, comían y pasaban el tiempo como podían dentro del vehículo. En estos casos es donde se toma conciencia de la cruda realidad de los habitantes de estas latitudes donde el clima pocas veces juega de aliado.
-Si la nevada continúa mañana tampoco se abre- sentenció el encargado del hotel. Y así fue.
La ansiedad nos dominaba y a cada rato íbamos hasta la RN-3 a conversar con los policías de Santa Cruz para averiguar si había alguna novedad, pregunta que terminaba con un movimiento negativo de cabeza.
A esa altura en Comandante Piedrabuena ya se agrupaban colectivos, autos particulares y camiones que no podían continuar a Río Gallegos. La radio servía de enlace cumpliendo una auténtica función social recomendando que no fueran hasta Piedrabuena porque se corría el riesgo de no poder retornar.
La localidad, base de un regimiento del ejército, no tenía luz, agua ni gas y se acababan los comestibles quedando todos a la espera de que un helicóptero les hiciera llegar vituallas. La gente dormía dentro de los autos poniendo en marcha el motor cada tanto como para calefaccionar el habitáculo y poder soportar el intenso frío.

Ruta Nacional 3 en la entrada de Comodoro Rivadavia desde el norte y decenas de camioneros a la espera de su reapertura. Fueron cuatro días de bloqueo por nieve y hielo en Salamanca y Garayalde
Panorama poco alentador
Ante esta realidad nos consideramos privilegiados por disponer de una cama cómoda, calefacción y hasta buena comida pero no podíamos evitar sentirnos molestos por estar bloqueados e inactivos sin poder avanzar hacia el Sur.
Pasadas las cuatro de la tarde ya no había ninguna posibilidad de apertura, sólo quedaba esperar hasta el día siguiente alrededor del mediodía. Esa noche otra intensa nevada complicó aún más el panorama y eran pocos los tramos de rutas de Chubut y Santa Cruz que se podían transitar. Lo mismo sucedía con los caminos que unen la costa con la cordillera y la RN-40 ya que hacia el Oeste las condiciones eran similares o peores.
El domingo se presentó igual y nada hacía suponer que mejoraría. En una breve reunión tomamos una decisión: olvidarnos de Río Gallegos y rumbear al Norte para retornar en etapas a Buenos Aires. Los casi 400 kilómetros que nos separaban de Comodoro Rivadavia no eran una maravilla pero luego de superar algunas cuestas en el comienzo, la nieve
acumulada en el asfalto no interfería en la conducción ni en el impecable comportamiento del 530d bajo cualquier circunstancia y con cualquier tipo de piso.
Sin inconvenientes llegamos a la capital petrolera donde (por fin) nos encontramos con Damián, el camarógrafo del programa "El Garage" que venía por avión desde Río Gallegos donde nos esperó en vano.

Típico estilo de construcción de la Patagonia, en este caso una esquina de San Julián cercana a la zona del puerto donde hace 500 años desembarcó Magallanes y se ofició la primera misa de la Argentina
Lluvia, agua-nieve, vientos de 80 km/h y sensaciones térmicas menores a los 10 grados bajo cero. Así estaba el tiempo en Comodoro. Nos hospedarnos en el impecable y casi increíble hotel Lucaina inaugurado a fines del '98 donde nos gratificamos compensando en parte, los malos momentos vividos a partir de Caleta Olivia unos días antes.
Hasta aquí nada indicaba un nuevo bloqueo pero por la noche, viendo televisión nos enteramos que la ruta hacia Trelew estaba cortada en dos sectores: Pampa de Salamanca y Garayalde, localidades que habían quedado aisladas. Eso significaba que al día siguiente (lunes) difícilmente pudiéramos encarar la ruta hacia Puerto Madryn. Las horas y los días pasaban y nos encontrábamos inmovilizados y por supuesto, con un humor de perros.
Decenas de camiones detenidos en el cruce ala espera de la reapertura de la RN-3 en tanto algunos barrios periféricos como Diadema o Barrio Laprida estaban con 30 cm. de nieve acumulada obligando el paso de la máquina barrenieve para liberar a sus pobladores que trabajan en la ciudad. Hasta los vuelos fueron suspendidos por el fuerte viento y las permanentes nevadas.
Recién el jueves 14 pudimos desandar la RN-3 con destino a Buenos Aires y el asfalto en condiciones normales con nieve acumulada en las banquinas. Desde Comodoro nos vinimos en una sola etapa como escapando del implacable clima patagónico.

Esta toma da una idea del caos que se produjo luego de Tres Cerros. Todo tipo de camiones inmovilizados
Como un 4x4 con tracción simple
Más allá del relato del viaje a Río Gallegos, los 5.000 kilómetros recorridos sirvieron para ratificar que los autos de buena estirpe son eficientes bajo cualquier condición y eso fue lo que demostró el BMW 530d Steptronic.
Precisamente la caja automática de cinco marchas colaboró armoniosamente con el ASR evitando que el tren trasero patinara en superficies sin la suficiente adherencia aplicando la potencia justa en el momento indicado.
Con un tracción trasera sin ASR ni cadenas (nunca las usamos) difícilmente hubiésemos superado la cuesta y la pampa previa a San Julián. Muchos vehículos de mayor despeje y aptitudes quedaron fuera del camino, mientras el BMW pasó con absoluta autoridad pese a la poca luz que dispone entre el deflector/canalizador que se ubica bajo el cárter y el piso, en especial con tres personas a bordo, bastante equipaje y otra rueda de auxilio armada.
Tampoco hay que olvidar un factor determinante: el ABS. Su funcionamiento fue impecable siempre y en más de una oportunidad fue el responsable de que en plena bajada y con piso helado lográramos detener la marcha en distancias impensadas manteniendo la línea recta sin desviarse un solo metro.

El 530d sobre asfalto transitable
El otro rubro destacable de este 530d fueron los valores de consumo que en el promedio de todo el viaje clavó 9,1 litros con picos de 12,8 en zonas trabadas en ascenso y mínimos de 7,8 litros con viento a favor. Esto demuestra que las cifras de consumo en utilización real son mucho más auténticas que los que se logran a velocidad constante pero no siempre se dispone
del tiempo necesario para concretar pruebas de 5.000 kilómetros.
No hubo problemas con el arranque en frío (en este caso vale el término) ya que con temperaturas de 12 grados bajo cero y luego estar detenido toda la noche a la intemperie jamás se mostró perezoso, algo que no siempre se puede evaluar en los test debido a que estas han sido condiciones extremas poco habituales.
Los únicos problemas que debimos superar fueron de índole meteorológica, de no haber sido así, el viaje de ida
y vuelta a Río Gallegos hubiese sido un auténtico paseo en lugar de una verdadera aventura a bordo de un muy burgués BMW 530d que rivalizó mano a mano con vehículos mejor adaptados a este tipo de situaciones.
No llegamos a Río Gallegos pero estamos convencidos, a
la hora del balance final, que las circunstancias vividas transformaron esta prueba de largo aliento en una historia mucho más interesante en relación a las conclusiones que podríamos haber sacado en base al proyecto original. Todo tiene su lado positivo.
Por Carlos Figueras Fotos Miguel Tillous

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