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Road test de autos argentinos de mas de 10 años de antiguedad

Por Gustavo Ernesto López
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Fiat 600 D - 1962

El más chico de los Fiat. Grande por dentro

Revista Parabrisas Nro 16. Marzo de 1962

 

Fiat 600 D

El 600 D es la versión refundida y modernizada, la última de ellas de un viejo y noble automóvil, que ganó fama y laureles en casi todos los caminos y que fue uno de los primeros en imponer la idea completa del auto pequeño, barato y confiable

Desde su nacimiento, el 600 D trae una carga pesada que mantener, no digamos sobre sus hombros sino sobre sus ruedas, muy similar a aquella circunstancia humana en que hijos de padres famosos tienen que mantener por propio prestigio la fama de aquellos.
Lanzar una versión nueva de un automóvil tan conocido y probado como el Fiat 600 no es una empresa del todo fácil. El éxito o el fracaso radican casi siempre en pequeños detalles y no en reformas fundamentales.
Cuando el 600 común comenzó a entrar en la etapa de declinación o vejez, la Fiat le otorgó, como la inalcanzable fuente de Juvencia, una nueva juventud y un brillo distinto por medio de sutiles cambios.
Sin embargo, el consenso general recuerda con cariño y aprecio al viejo 600 y se mantiene a la expectativa, para ver si en el caso del joven 600 D es aplicable aquel adagio criollo: “Hijo 'e tigre overo había "e ser".

Fiat 600 D
Las puertas del Fiat 600 D son muy amplias; abren para atrás, lo que algunos critican por seguridad, pero es más cómodo para ascender o descender. El manejo es agradable

Cuando una persona entra en un automóvil sin excesivas contorsiones se siente inclinada a juzgarlo con el beneficio de la buena voluntad. Esta fue, en pocas palabras, la iniciación de la prueba del Fiat 600 D.
Al abrir la puerta se nota inmediatamente una cosa: no hay puntas o manijas con las cuales golpearse. Desde el momento en que el techo está a una respetable altura, 1 metro y cuarenta centímetros, la operación de introducirme en el Fiat se ve facilitada considerablemente. Una vez ubicado frente al volante, operación sin riesgos, dos circunstancias se destacan: la altura relativa del mismo con relación a la base del parabrisas y el escaso espacio en la zona de los pedales. Esta última reviste mayor importancia que la primera, por cuanto el pie del embrague se transforma en un ente errático buscando un lugar donde acomodarse mientras no entra en funciones. Al final de horas de búsqueda va a morir cruzado debajo de la pierna del acelerador.
Pero como entró con facilidad y sin riesgos, se le perdona.
Luego de ajustar el asiento a su comodidad, para lo cual se cuenta con una eficaz y cómoda regulación, siempre que las correderas del mismo estén convenientemente engrasadas, se está listo para partir. La mano derecha cae naturalmente sobre la palanca del cambio de velocidades, cuyo movimiento poco gomoso y suave a la vez, con las posiciones de las marchas bien netas y diferenciadas, aunque cercanas, le dan cierto aire deportivo y saludable. Andando, se nota que la palanca no se mueve para todos lados siguiendo las oscilaciones del motor, cosa que contribuye a la buena impresión del conjunto.
A pesar del racional aprovechamiento del espacio interior, el conductor nota que su codo y brazo izquierdos se hallan comprimidos en cierta manera entre su cuerpo y la puerta. No es el caso de bajar el vidrio y descansar el brazo en el marco inferior de la ventana, porque hace frío o llueve, y además y en definitiva ésa no es la manera correcta de manejar ni estética ni técnicamente. Un pequeño apoyabrazos situado a una altura conveniente en el panel interior de la puerta solucionaría en cierto modo este problema, que luego de seis o siete horas de conducción amenaza con ponerse difícil.
Se introduce la llave de contacto en su lugar correspondiente y con un pequeño giro a la derecha el motor echa a andar con un alegre zumbidito.

Fiat 600 D
El motor es accesible gracias al amplio capot trasero. Los accesorios están siempre a mano para mantenimiento regular. El paragolpes es "a prueba de porteños"

Sentado en el puesto de contando se obtiene una amplia visión del camino o la calle, tanto frontal como lateralmente, por lo menos durante la conducción en línea recta. Decimos así porque en curvas a la izquierda la columna del parabrisas de ese lado, que no es envolvente en ninguno de los dos, se interpone en la línea de visión. Claro está que con inclinarse hacia adelante y pegarse al vidrio del parabrisas estaría todo arreglado, pero esa es una solución poco elegante.
Para el lado derecho usted es el amo del camino o de la calle ciudadana. Evidentemente, en algún momento, se debe o es necesario mirar por el espejo retrovisor, una buena costumbre y muy saludable es hacerlo seguido, y es entonces cuando se da cuenta que no ve el horizonte, porque la ventanilla trasera (luneta en el argot automovilístico) es algo restringida. Este problema también tiene una solución sencilla y es la colocación de un espejo retrovisor exterior.
Pero no todo han de ser espinas. El conductor maneja fundamentalmente cómodo y con una gran sensación de seguridad, que no es ficticia. El manejo en la ciudad no ofrece ninguna dificultad. La suavidad de los pedales, tanto del freno como del embrague hacen de estas operaciones, un placer del arte de conducir y la liviandad de la dirección lo garantiza contra cansancio. En manejo con tránsito muy pesado, espeso o tupido, el tendón de Aquiles de esta maquinita comienza a hacerse notar y no es otro qué la falta de sincronización de la primera velocidad. Cierto es que en segunda puede sacarlo casi "de parado" sin que proteste, el motor y que la tercera tira perfectamente a veinticinco kilómetros por hora, pero de todos modos es una verdadera lástima esa, ausencia tan sentida de sincronización.
Decimos sentida no en una forma lastimera sino porque realmente se siente el ruido que hacen los engranajes cuando se pretende meter la primera a diez kilómetros por hora sin la vieja práctica del doble embrague, tan en desuso y de capa caída actualmente.
Por otro lado, esta es la única falla realmente seria que puede encontrarse en el Fiat 600 D
Después de manejar un tiempo seguido, el ruido o mejor dicho la resonancia del motor dentro de la cabina se hace evidente, aunque por algún extraño y no estudiado fenómeno de acústica, este ruido es más intenso en la zona del asiento delantero que en la del trasero, llegando a establecerse diferencias notables.
De todos modos, el hombre es un animal de costumbres y termina amoldándose a esto, que no es defecto exclusivo del Fiat 600 D sino de la gran mayoría de los automóviles que llevan carrocería portante.
Es necesario hacer notar que en ningún momento la manivela del levantavidrios choca con piernas del conductor o del acompañante. En este sentido el 600 D se aparta de una mala costumbre que se está generalizando con mucha rapidez.
Con el asiento o los asientos delanteros completamente corridos hacia atrás, el espacio útil del asiento trasero se ve muy reducido, no obstante lo cual sigue siendo mayor que en muchos automóviles de su categoría en las mismas circunstancias.
Al caer la tarde y llegar fenómeno que se repite todos los días con precisión matemática, se hace evidente la necesidad de prender las luces de posición y junto con ellas se enciende un testigo de color verde, cuya luz se torna más intensa y molesta a medida que caen las sombras. La primera solución y la que surge naturalmente es la de tapar el testigo con la mano izquierda, cosa que puede hacerse naturalmente por las posiciones relativas del volante, la mano y el testigo. Luego se descubre la regulación...
Los controles de las luces, tanto de giro como de posición, altas y bajas están situados de una forma tal que su manejo se efectúa con comodidad.
Los ventiletes de las puertas delanteras, los únicos que incorpora el "D-Type", cumplen eficazmente su cometido, inclusive en la zona del asiento trasero, que carece de ellos.

***

El 600 D es un automóvil con una personalidad muy definida. Tiene una cierta tendencia que en el caso propio podría llamarse placer en irse de "cola", lo que comúnmente se llama sobreviraje u "over-steer". Claro. está que una vez que el conductor se acostumbra, instintivamente puede corregir la desviación de la línea de marcha. Sin ser una cosa notable ni molesta, esta tendencia se pone especialmente de manifiesto en la conducción en línea recta con asfalto desparejo. Con el camino mojado por la lluvia o por cualquier otra causa, esta tendencia tiende a agudizarse, aunque nunca llega a un limite realmente molesto. Sólo exige algo más de atención en la conducción.
El 600 D de prueba, del cual se han extraído estas conclusiones, anduvo ocho horas bajo intensa lluvia a una velocidad crucero que oscilaba entre los 95 y 100 kilómetros por hora. Hacemos la salvedad que esto sucedía cuando las curvas del camino situaban al Fiat de cola al viento. Cuando el viento venia de frente o de tres cuartos al frente, la velocidad, con el acelerador hasta el fondo, no subía de 80 kph.
Sin embargo, a pesar de su suave tendencia desviacionista de retaguardia, el manejo puede considerarse como normal.
Durante un momento determinado de la prueba, el 600 D sufrió y resistió tenazmente la prueba de agua. Atravesó la ciudad de Rosario con cincuenta o sesenta centímetros de agua, producto del desbordado arroyo Ludueña, que corre cerca de dicha ciudad. Luego de una hora de andar con las ruedas bajo el agua y ya una vez sobre terreno seco (digamos no inundado, porque llovía torrencialmente), se procedió a la inspección de las filtraciones de agua. Como explicación a la incomodidad que sentían los testera en sus respectivos pies, se vino a comprobar que el Fiat había embarcado más agua que un barco hundido durante cincuenta años.
Aunque parezca paradójico, traemos este hecho a colación por dos motivos: el primero, es poner de manifiesto públicamente nuestro agradecimiento a un autito que anda debajo del agua, y el segundo es demostrar la intrepidez de los testers de PARABRISAS.
Por otra parte, por los lugares donde uno lógicamente espera que se filtre agua o sea las junturas de los vidrios, la unión del torpedo con la cabina, las jambas o los dinteles de las puertas, etc., no se registraron filtraciones. Sólo una, en la parte inferior de la base del parabrisas, en la unión de éste con lo que viene a ser el tablero, del lado derecho, donde existe un orificio por el que pasa un cable eléctrico que presumimos ha de ser el alimentador de la luz interior, radicada en la parte trasera del espejo retrovisor, que por otro lado tiene un interruptor y es realmente efectivo y cómoda como luz de mapa.
Los frenos se mojaron como es normal que ocurra con las cosas cuando se meten debajo del agua y durante determinados momentos resultaron totalmente inoperantes, pero una suave presión en el pedal cuando las ruedas salían del agua, los ponía en pocos instantes en estado de funcionamiento. Se entiende que esta presión se realiza con el automóvil en marcha. Una vez secos, frenaban con la suavidad y efectividad que al principio de la prueba en que salieron regulados de la fábrica.
Los elementos frenantes del 600 D no tienen nada que envidiar a los de su hermano mayor, el Fiat 1.100) en cuanto a efectividad y estabilidad (cualidad anti-fade).
Luego de esta prueba de agua se buscó un camino de tierra, de barro, mejor dicho, para comprobar la eficacia del automóvil en dicha circunstancia.
Es necesario hacer la salvedad que no era una de esos terribles barriales de fábrica de ladrillos, pero resultaba lo suficientemente interesante como para mirar dos veces antes de meterse. Desde el momento en que la trocha del 600 nuevo no se aproxima ni remotamente a la anchura de la huella, era necesario andar entre ellas, dejando una u otra al medio del auto.
Quince kilómetros en estas condiciones dieron la certeza de que el barro tiene que ser muy bravo para que el 600 se quede en una "peludiada".
Otra experiencia interesante obtenida en esta ocasión es que en el barro anda más cruzado que derecho, pero que con un poco de respeto por la banquina o la zanja del costado puede llegarse a feliz término.

***

La terminación del Fiat 600 es realmente excelente; los controles funcionan con precisión y el autito tiene una sensación de señorío, inusitada en coches tan chicos y económicos.
Debiera tener una gaveta; es una omisión fácilmente salvable. Las puertas tienen bolsillos, muy prolijos, pero de poca capacidad; especialmente debemos asustar que no se prestan al acondicionamiento de objetos "tridimensionales", valga la expresión. El baúl es muy pequeño, porque incluye el tanque de nafta.
Para nuestro modo de ver las cosas, el adagio criollo del principio está perfectamente comprobado, tanto, que podemos añadir otro dicho al primero, esta vez extranjero: "A lot of car for your money", que traducido significaría algo así como 'mucho auto por su dinero".

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VELOCIDAD MÁXIMA 110.400 KM/H
Medida en
ruta con corridas en sentidos opuestos

ACELERACIÓN

0 - 500 mm

27.0 s

0 - 20 Km/h

2.0 s

0 - 40 Km/h

5s 2/5

0 - 60 Km/h

11.0 s

0 - 80 Km/h

20s 3/5

0 - 100 Km/h

45.0 s

El 600 pica bien dentro de su cilindrada

DIÁMETRO DE GIRO

A la derecha

9.03 m

A la izquierda

8.59 m


VELOCIDAD MÁXIMA EN CADA MARCHA

I

40 Km/h

II

64 Km/h

III

93 Km/h

DISTANCIA DE FRENADO

a 20 Km/h
3.30 m
a 40 Km/h
7.40 m
a 60 Km/h
16.0 m
a 80 Km/h
25.4 m
a 100 Km/h
40.2 m

CONSUMO

En ciudad
15.5 km/l
En ruta
a 80 km/h
17.0 km/l
95/100 Km/h
15.0 km/l

ERROR DE VELOCÍMETRO

Vel indicada Vel real
20 21
40 40
60 60
80 80
100 98

IMPERMEABILIDAD
En condiciones absolutamente anormales (el agua llegaba hasta la mitad de las puertas) las filtraciones de agua del 600 fueron absolutamente mínimas. Lo mismo vale para el baúl. Vale decir, que bajo cualquier condición normal, no habrá absolutamente ningún problema en este aspecto

Fiat 600 D
La superficie barrida por los limpiaparabrisas es generosa. Éstos son eléctricos, con cadencia de 80 golpes por minuto. Su funcionamiento fue impecable a través del test

LOS VENTANALES DEL FIAT 600 D SON GRANDES, LA VISIBILIDAD ES PERFECTAMENTE ADECUADA. LOS PARANTES DEL PARABRISAS OBSTRUYEN ALGO -MUY POCO- LA VISIBILIDAD EN DIAGONAL

Fiat 600 D

COMO CUADRA A UN AUTO CHICO CON ADECUADO VOLTEO DE LAS RUEDAS, EL FIAT TIENE UN CÍRCULO DE VIRAJE COMPACTO Y QUE FACILITA ESTACIONAR EN CUALQUIER PARTE

Características técnicas

Motor

Cuatro cilindros en línea, verticales, ciclo de cuatro tiempos. Diámetro por carrera 82 x 63.5 mm. Cilindrada 767 cm3. Potencia 32 CV SAE a 4.800 rpm, cupla motriz máxima 5.5 mkg SAE a 2.900 rpm. Válvulas a la cabeza, en línea, mando a botadores y varillas. Refrigeración a agua con bomba y radiador. Carburador Weber 28ICP con bomba de nafta mecánica.

Encendido

A batería y dinamo. Acumulador de 12V 32 Amp/h

Transmisión

Caja de cuatro velocidades. 2da, 3era y 4ta sincronizadas. Relaciones internas. 1era 3.385; 2da 2.055; 3era 1.333; 4ta 0.896 y MA 4.275. Pasa por diferencial cónico, espiral con relación 4.875 resultando relaciones finales de 1era 18.50; 2da 10.02; 3era 8.50; 4ta 4.37 y MA 20.80:1. El embrague es monodisco seco con mando mecánico

Suspensión

Delantera. Independiente por paralelogramo deformable con brazos triangulares superiores y en la parte inferior, el elástico transversal hace de brazo. Amortiguadores tubulares.
Trasera. Independiente, brazos oscilantes con resortes espiral, geometría diagonal con tensor longitudinal fijado a un punto adelante del eje trasero.

Frenos

Hidráulicos, con bloqueo automático de un circuito en caso de falla. Campanas bimetálicas con 240 mm de diámetro. Superficie de frenado de 700 cm3.

Carrocería

Largo 3285 mm Ancho 1.380 mm Alto 1.405 mm Entre ejes 2.000 mm Trocha 1.150 mm. Tanque de combustible de 27 litros con una reserva de 3.5 litros.

Vea también

Fiat 600 E

Road Test del Fiat 600 E
Revista Corsa Nro 232 del Octubre de 1970

Fiat 600 S

Fiat 600 S
Revista Corsa Nro 587. Septiembre de 1977

Varela Berlineta Fiat 600

Varela Berlineta Fiat 600
Revista Corsa Nro 570. Mayo de 1977

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Por Gustavo Ernesto López
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