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No es sencillo empezar el análisis de un automóvil producido por Fiat Argentina. Pesan detrás muchas opiniones, todas controvertidas. La mayoría, como suele ser común en nuestro país, sin asidero lógico y signadas por el común denominador de lo que suele llamarse impulso o sentimiento. Y, porque no, avaladas generalmente por esa especie de oráculo infuso que es el rumor. El rumor, una deidad que en la Argentina se ama, se cultiva y se le rinde culto en una expresión de fe digna de mejores motivos.
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Su Auto tuvo acceso a dos de los productos de Fiat Argentina. El primero fué el Fiat 128 Europa, que constituyó una sorpresa tan agradable que se lo tomó con pinzas y se le brindó un tibio aplauso cuando, si no daba para la ovación, por lo menos alcanzaba para aplaudir de pie.
El segundo sirvió para canalizar las represiones de media redacción. En Fiat dijeron: "Téngalo el tiempo que quieran, hagan lo que quieran". Probablemente Raúl Canizaro no sabía lo que decía, metido en el fárrago de la fusión con Peugeot, que derivó en la creación de SEVEL. Pero pocas veces se brindó un auto para probar con tanta generosidad. Lo que significa que, probablemente, este auto vuelva a la empresa cuando dentro de unos años Auditoria encuentre un remito sin retorno lo que, también probablemente, movilice a la fuerza pública.
 Las razones fueron muchas. Básica y principalmente, por el reencuentro con la mecánica europea y principalmente italiana, llena de nervio y muy divertida para utilizar. Sobre todo cuando, como en estos casos, el auto es ajeno y la nafta la paga la editorial.
Por supuesto que tiene sus lunares. Algunos detalles de terminación y alguno que otro elemento proporcionado por proveedores. Pero de todos modos se encuentra un avance importante en esos mismos detalles, con mejor mano de obra que hace algunos años, con unos cuantos chiches más, una comodidad que no desmerece ante ningún importado de su categoría, una mecánica inobjetable y frenos, suspensión y estabilidad realmente buenos.

Aún tratándose de un diseño antiguo, sorprendió el tratamiento aerodinámico, que le permite alcanzar altas velocidades sin ruidos de viento y sin desviaciones ocasionadas por los cruces con grandes transportes.
Es también sorprendente el espacio disponible y su aprovechamiento, no sólo en el habitáculo sino también en el baúl y en el vano motor. Aquí, realmente, pueden viajar cinco personas con comodidad, para las cinco, su equipaje y, en caso necesario, el mecánico no deberá romperse las manos para efectuar alguna reparación.

La prueba de ruta
La prueba de ruta consistió en un viaje bastante extenso, con caminos de tierra que luego fueron barro gracias a un oportuno diluvio que permitió varias comprobaciones: se lo puede utilizar -literalmente- a fondo todo el tiempo que se quiera; diales y luces permanecen como si nada; copia el camino, cualquiera sea su rugosidad, sin problemas de tenida; es hermético, tanto a la lluvia como a la tierra; es barrero, es decir, se conduce con seguridad y autoridad y hasta con alegría porque se lleva a buen ritmo por cualquier lugar.
Las pruebas confirmaron varias de las suposiciones que su uso previo dejaban entrever. La velocidad máxima fué buena, aunque lógicamente se esperaba más. La aceleración es sencillamente fenomenal, por lo menos de cero a cien. Más de un auto deportivo se la debe estar envidiando, porque no debe olvidarse que apenas tiene 1600 cc de cilindrada. Pero los dos árboles de leva a la cabeza y las cámaras hemisféricas se hacen notar hasta con prepotencia.
 También se hizo notar el consumo, aunque debe reconocerse que fué manejado con suma alevosía y existen fundadas sospechas de que no estaba bien carburado. Pero, en el tránsito ciudadano el Mirafiori está en su salsa. O tuco, como corresponde a un auto italiano. Se lo coloca donde uno quiere y pasa por los espacios más inverosímiles. Frena como si se le echara un ancla. Y acelera como un cohete o, al menos, como uno supone que acelera un cohete.
Es cierto que las relaciones de caja para la primera y segunda son las ideales, mientras que la tercera solo agarra voleo cuando pasa la línea de torque, es decir bastante arriba, por lo que es mucho más útil en ruta que en ciudad. Por de pronto recién se comprende el porqué de la conducta callejera de muchos conductores de Fiat. Esos que aprovechan el hueco mínimo, los que zigzaguean en las calles, los que frenan al milímetro y que siempre arriesgan un poco más de lo debido. El auto se lo permite.
 Por otra parte el espejo exterior parece indicar mayor distancia con respecto al auto que viene detrás, de la que realmente corresponde, lo que también justificaría esos sorpassos sorpresivos cuando apenas cabe un auto, y sobre todo los adelantamientos desde la derecha a la que los fiatistas son tan proclives.
Todo ello justifica, finalmente, la casi displicencia y confianza con que se entregó el Fiat 125 Mirafiori CLO en la calle Juramento. Y se devolverá, por parte de Su Auto, con un enfático voto de confianza.
Fiat 125 Mirafiori en Autoclásica 2024 
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VELOCIDAD MÁXIMA 167.600 KM/H
Con viento a favor 170.050 Km/h y con viento en contra 165.135 Km/h
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ACELERACIÓN |
| 0-100 Km/h con viento a favor |
8.95 s |
| 0-100 Km/h con viento en contra |
9.47 s |
| 0-100 Km/h promedio |
9.21 s |
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CONSUMO (Km/l) |
| En ruta a 120 / 160 Km/h |
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| En ciudad |
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Road Test del Fiat 125
Revista
Corsa Nro 365. Abril de 1973

Road Test del Fiat 125 Potenciado
Revista Corsa Nro 501. Enero de 1976
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